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Demencia senil: qué es, cómo se produce y síntomas

Hoy te vamos a hablar de una de las enfermedades más duras a las que se enfrenta el ser humano desde que tiene conciencia. La demencia senil, qué es, cómo se produce y sus síntomas. Te vamos a contar todo sobre esta dolencia irreversible y cómo dar con ella antes de que el daño sea permanente.

Qué es la demencia senil

Lo primero es definir qué es la demencia senil. Se trata de una alteración cerebral permanente. De hecho, el término demencia senil, se refiere a la reducción del funcionamiento intelectual de una persona. Lo habitual es que surja en personas de avanzada edad, y que la enfermedad llegue a afectar al desempeño de sus funciones cotidianas. Desde la memoria, al lenguaje, pasando por el razonamiento.

La demencia senil está muy relacionada con el Alzheimer, y es que ésta supone en torno al 70% de casos de demencia senil. Una enfermedad que suele venir dada por causas naturales de envejecimiento, pero que se puede adquirir de otras formas. Y es que algún trastorno vascular o una lesión que afecte a alguna zona implicada, puede desatar la demencia a corto o medio plazo.

Para determinar que una persona tiene demencia senil, se establece el límite en el hecho de no poder llevar a cabo funciones básicas como hablar, recordar, razonar o percibir la realidad. Es más, una persona con demencia senil puede tener un carácter completamente opuesto al que ha tenido durante toda su vida. Es la enfermedad la que habla, tenlo en cuenta.

Cómo se produce la demencia senil

El cómo se produce la demencia senil viene dado, en la mayoría de casos, por el envejecimiento. En este caso, sea o no la realidad, el baremo lo situamos a los 60 años, que es cuando el factor de riesgo de esta enfermedad se dispara. Por lo general, el proceso es degenerativo e incurable. Es decir, las funciones que la persona afectada de demencia senil pierde, no será posible que las recupere.

A la hora de conocer cómo se produce la demencia senil, debemos tener en cuenta que otras enfermedades pueden desencadenar su progresión. Por ejemplo, una lesión cerebral o la esclerosis múltiple, que no sólo afecta al cerebro, sino también a la médula espinal. La enfermedad de Huntington es otra de las que puede derivar en demencia senil, pues afecta a varias zonas determinadas del cerebro, provocando su degeneración. En este caso, es hereditaria.

La parálisis supranuclear progresiva es una dolencia que limita, poco a poco, la capacidad de movimiento, pues ataca a las neuronas. Algo similar ocurre con el Parkinson, que en este caso ataca a las células responsables de mover y coordinar el cuerpo, cambiándolo por temblor constante. Ambas pueden derivar en demencia senil.

Por último, hay enfermedades adquiridas por infección como el sida, la enfermedad de Lyme o la sífilis que también pueden suponer una demencia senil temprana.

Síntomas de la demencia senil

Los síntomas de la demencia senil se centran, sobre todo, en las funciones mentales del afectado. Y es que las emociones, el comportamiento y hasta la personalidad de un enfermo de demencia senil, pueden cambiar por completo. Obviamente, también hay que estar atentos a su forma de hablar y expresarse, a su percepción de la realidad o su forma de pensar.

No obstante, los síntomas de la demencia senil suelen dar algunas pistas previas. Es el conocido como deterioro cognitivo leve que, entre otros problemas, dificulta la multitarea a los afectados. No sólo no pueden hacer varias cosas a la vez, sino que también les cuesta más de lo normal, tomar decisión alguna o resolver un problema. En este grupo también se suma la dificultad para recordar eventos y conversaciones recientes. Por no hablar de la reducción de la rapidez a la hora de responder.

Obviamente, los síntomas de la demencia senil van a peor. Por ejemplo, llegará un momento en que los bruscos cambios de personalidad y de humor, acaben con las habilidades sociales del afectado. Y es que su presencia en público puede generar momentos indecorosos pero también agresivos. Al final, se limitará su salida al exterior lo más posible.

Uno de los síntomas más duros de la demencia senil es cuando el enfermo olvida los nombres de los objetos familiares. De hecho, esto complicará mucho el mantener conversaciones con él, pues al no reconocer el entorno, se reservará más, y tenderá a perderse o sentirse perdido y aturdido con asiduidad. Incluso en su propia casa.

Otro síntoma complicado es, en este caso, los bruscos cambios que se producen en la rutina de sueño del afectado. Un cambio que derivará en más dolencias como delirios que, en muchos casos, acaban derivando en depresión. La importancia del sueño es supina.

Por último, dos síntomas más de la demencia senil son la nula capacidad de retentiva o memorización, así como pérdida de la capacidad de raciocinio. Es decir, no será consciente de lo peligrosas que pueden ser algunas de sus acciones.

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Antes de finalizar con los síntomas, señalar que en los casos más agudos, hay algunos pacientes que ni siquiera son capaces de llevar a cabo actividades básicas. No sólo hablamos de comer o asearse, sino de ir al baño. En ese punto, lo habitual es que también hayan perdido la capacidad de comunicarse mediante el habla o entender a los demás. Obviamente, ahí es cuando ya ni siquiera recuerdan los nombres de sus familiares. Ni siquiera de los más cercanos.

Estudios sobre la demencia senil ¿es posible curarla?

Los estudios sobre la demencia senil responden a si es posible curarla de forma ambigua. De momento, la enfermedad es irreversible. Pero, si se detecta a tiempo, por venir derivada de otra enfermedad, sí puede ser atajada. Así, tumores cerebrales, bajadas de vitamina B12 o cambios en los niveles de sodio, glucosa o calcio, deben ir acompañados de una exploración para determinar si no hubiera síntomas de demencia senil.

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