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Leucopenia – qué es, síntomas, causas y tratamiento

El ser humano es un organismo muy complejo, en el que todas sus partes deben funcionar perfectamente, además de protegerse frente a otros organismos del exterior, caso de virus, bacterias, hongos y parásitos. Para ello están precisamente los glóbulos blancos, que son parte principal de nuestro sistema inmune. Sin embargo, los glóbulos blancos también pueden dar lugar a patologías como la leucopenia. A continuación vemos qué es, y cuáles son sus causas, síntomas y tratamientos.

Qué es la leucopenia

La sangre de una persona está compuesta principalmente por glóbulos rojos o hematíes, plaquetas y glóbulos blancos o leucocitos. Los glóbulos rojos se encargan de llevar oxígeno a los órganos y de eliminar el dióxido de carbono, mientras que las plaquetas ayudan a la cicatrización y la coagulación de la sangre.

Por su parte, los glóbulos blancos son lo que se denomina como el sistema inmunitario de la persona. Es decir, estas células son las encargadas de combatir cualquier agente patógeno que provenga del exterior y comprometa la salud del individuo. Esto quiere decir que si una persona no tiene suficientes número de glóbulos blancos en la sangre estará más expuesta ante infecciones.

Cabe decir que existen diferentes tipos de glóbulos blancos y que cada uno cumple una función determinada dentro del sistema inmunitario. Así, tenemos a los neutrófilos, se son los encargados de combatir contra las infecciones bacterianas. Por otro lado tenemos a los eosinófilos, que son los encargados de luchar contra las infecciones causadas por parásitos. Por su parte, los basófilos se encargan de combatir agentes causantes de alergias. Además de estos también tenemos linfocitos y monocitos,

Cuando el número de glóbulos blancos está por debajo de los valores normales, se dice que la persona tiene leucopenia. La leucopenia puede deberse a la disminución de cualquiera de los glóbulos blancos anteriores. Dependiendo de los glóbulos blancos que hayan disminuido, podemos habla de uno u otro tipo de infección. Por ejemplo, la disminución de los neotrófilos se suele deber a una infección bacteriana, mientras que si bajan los eosinófilos se puede deber a una infección parasitaria.

El número normal de leucocitos en la sangre para un adulto se sitúa en torno a los 4.500-11.000. Por tanto, se suele considerar como leucopenia un recuento de leucocitos inferior a 4.000, aunque este baremos puede variar dependiendo del sexo, edad o circunstancias de cada individuo.

Causas de la leucopenia

La leucopenia puede sobrevenir principalmente de dos formas. Una, cuando se produce una reducción repentina y anormal en el número de glóbulos blancos. Otra, cuando el cuerpo no es capaz de producir el suficiente número de leucocitos.

Una de las causas principales de leucopenia son las enfermedades coronarias de la médula ósea, que impiden al individuo producir el suficiente número de leucocitos.

Por otro lado estás las infecciones que afectan al sistema inmunitario de la persona, como pueden ser el lupus, la malaria, el VIH o la tuberculosis. También debido a infecciones denominadas sepsis, que desgastan el sistema inmunitario y lo dejan expuesto.

También es posible que la leucopenia se deba a un cáncer que se ha expandido hasta la médula ósea. También, los medicamentos y tratamientos contra el cáncer como la quimioterapia pueden alterar la producción de glóbulos blancos en la médula ósea.

Otro tipo de medicamentos, como algunos antiepilépticos, antipsicóticos o inmunosupresores también pueden ser el foco de la leucopenia.

Los trastornos en el bazo, que impiden que el sistema linfático funcione correctamente eliminando y sustituyendo las células.

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Por último, hay otros factores que también puede provocar la disminución en la producción de glóbulos blancos, como pueden ser el estrés físico o emocional, la mala alimentación, la desnutrición y la ausencia de vitaminas como la B12 o folatos.

Síntomas de la leucopenia

Los síntomas de la leucopenia suelen estar ligados a la infección que los produce. En general, se puede afirmar que la leucopenia limita o incapacita a nuestro aparato inmune para luchar contra alergias, infecciones bacterianas o parasitarias, por lo que estamos más expuestos a contraerlas, sobre todo en el caso de las bacterias.

Los síntomas de la leucopenia pueden llegar a ser imperceptibles si ésta es leve. En el caso de leucopenias más graves los primeros síntomas se suelen manifestar en forma de debilidad, malestar, mareos. Esto síntomas pueden derivar en otros más graves como náuseas constantes, vértigo e infecciones recurrentes.

Entre las infecciones más comunes podemos encontrar las del tracto urinario o gastrointestinal, así como otras infecciones de las vías respiratorias como pulmonías o neumonías. Son también muy frecuentes los abscesos y las llagas en las encías y el interior de la boca, e incluso en casos más graves los abscesos hepáticos.

En todo caso, estos síntomas son consecuencia de la infección que da origen a la leucopenia (a no ser que el individuo la tenga de nacimiento) y de la incapacidad del organismo para hacer frente a la infección.

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Tratamiento de la leucopenia

El tratamiento de la leucopenia está asociado a la infección que a provoca y, por tanto, al tipo o tipos de leucocito que está en bajos niveles. Por tanto, lo que se busca es solucionar el problema de fondo.

Normalmente el tratamiento suele consistir en la administración de vitaminas o de otros fármacos encargados de regular la producción celular. En algunos casos también se puede recurrir a los antibióticos o la quimioterapia.

Aparte de los tratamientos mediante fármacos también es recomendable seguir otra serie de consejos para prevenir los efectos de la leucopenia. Por ejemplo, llevar una vida sana y una alimentación equilibrada, mantener una higiene estricta y evitar en la medida de los posible el contacto con agentes infecciosos.

Nuestra recomendación es que acudas al médico a hacer un análisis de sangre. En estas pruebas el médico puede saber qué tipo de leucocitos están en niveles bajos y, de esa forma, diagnosticar la enfermedad y decidir el tratamiento más adecuado.

Leucopenia consecuencias

Las consecuencias de la Leucopenia vienen dadas por unos niveles bajos de glóbulos blancos. Por tal motivo, los riesgos en el cuerpo humano se multiplican. Éstas son las consecuencias de la Leucopenia.

  • Incremento del riesgo de infecciones – El bajo nivel de glóbulos blancos deja al cuerpo expuesto y desprotegido. Por ello, a pesar de que la leucopenia no es una enfermedad mortal, sí puede traer asociadas otras dolencias mucho más graves, incluso mortales.
  • Neutropenia – El descenso de neutrófilos tiene un nombre: neutropenia. Esta enfermedad viene desde la médula ósea, donde no hay capacidad para generar los glóbulos blancos que se van perdiendo. Así, cualquier infección bacteriana o vírica, así como cualquiera alergia, puede complicarse sobremanera.
  • Defensas indefensas – El tiempo que se prolongue la leucopenia, nuestro cuerpo carecerá de defensas y, por tanto, será incapaz de afrontar infección alguna. Lo peor de estos casos es que como casi todas las afecciones vienen causadas por el sistema inmunológico, es más complicado localizarlas de lo que es habitualmente. Y, por tanto, que éstas se desarrollen y hagan fuertes en el interior del paciente.
  • Macrófagos – Un paciente afectado de leucopenia verá como los monocitos se transforman en macrófagos, las células depuradoras del sistema inmune. El resultado es un complicado y peligroso descenso de la inmunidad.
  • Ralentización del sistema – El sistema inmunológico está bajo mínimos y no puede combatir infección alguna. Pero claro, tampoco puede avisar de ellas. Ni inflamaciones, ni fiebres ni señal alguna de que el cuerpo está siendo atacado. Por ello, hay que prestar especial atención a los análisis y pruebas durante la leucopenia, antes de que una enfermedad grave se haga fuerte en el paciente.
  • Heridas sin cerrar – Obviamente, con el sistema inmune afectado, no sólo no hay defensa ante agentes patológicos, sino tampoco ante agresiones externas. Así, las heridas hechas en la piel, tardarán mucho más en curarse, pues no hay suficientes elementos para la regeneración., Un simple corte puede tardar meses en sanar por completo.
  • Septicemia – La leucopenia puede derivar, por sí misma, en una peligrosa septicemia. En este caso, esta infección es de tal gravedad que afectaría a todo el organismo, pudiendo provocar la muerte en poco tiempo.
  • Puntos clave – Los pulmones, el aparato digestivo, la piel y las mucosas son las zonas más propensas a una infección a causa de la leucopenia. Por tal motivo, hay que prestar especial atención a todas ellas.

Leucopenia es grave

La leucopenia es grave cuando los glóbulos rojos en sangre está por debajo de 4.500 mm3. El recuento, en circunstancias normales, va de 5.000 a 10.000 mm3. De hecho, cuando la leucopenia alcanza estos niveles, se define como neutropenia, para dejar claro que la leucopenia es grave.

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En este caso, lo normal es que acudamos a un especialista como el hematólogo que vea la causa de la leucopenia grave. En la mayoría de los casos, tendrán que hace una biopsia de la médula ósea para conocerlo. Y es que, desde una infección viral a leucemia, pasando por aplasia, las causas pueden ser variadas.

Es más, la leucopenia grave se denomina cuando los leucocitos están por debajo de 4.000 mm3, pero cuando están aún más abajo, tienen diferentes denominaciones. Así, la neutropenia se da cuando baja de 1.500 mm3; la linfopenia surge cuando los leucocitos bajan de 1.000 mm3; la monocitopenia cuando el nivel está por debajo de 100 mm3; y la eosionopenia se diagnostica cuando los glóbulos blancos se quedan por debajo de 50 mm3.

En el caso de la leucopenia grave puede afectar a gente de todas las edades, razas y condiciones. No obstante, es habitual que los neonatos tengan el número de granulocitos disparados durante sus primeros días de vida. También hay algunas poblaciones africanas cuyo estándar de granulocitos es más bajo que la media.

Se sabe que los neutrófilos de la sangre periférica tienen un periodo de latencia que no suele llegar a las 10 horas. Es más, la media ronda las seis horas. Así, la propensión de un paciente con leucopenia grave de verse afectado por otra infección siempre estará sujeta al recuento absoluto de neutrófilos. De ahí que los análisis de sangre, las pruebas y el control para un paciente con leucopenia grave sean constantes.

El recuento absoluto de neutrófilos (RAN) se calcula con la siguiente ecuación. RAN = glóbulos blancos totales x 0,01, siendo los glóbulos blancos la suma de los porcentajes de bandas y el porcentaje de neutrófilos maduros. Obviamente, cuando más tiempo y más grave sea la leucopenia grave, mayores son los riesgos de que el paciente se vea infectado.

Lo complicado del asunto es que esta infección puede venir por varias vías. Es decir, por muchas precauciones que tomemos, siempre hay alternativa para que el virus ataque. Así, desde aprovechar directamente la baja producción de glóbulos blancos de la médula ósea, a la entrada en la circulación a través de la piel, pasando por un ataque a nivel periférico, las opciones de infección son altas y muy peligrosas.

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Leucopenia leve valores

La leucopenia leve valores es la afección que, dentro de lo preocupante de la enfermedad, no es tan grave y se puede curar rápidamente. Si los niveles normales de glóbulos blancos en sangre es de 5.000 a 10.000 mm3 y la leucopenia grave se da cuando estos bajan de 4.000 mm3, la cuenta es sencilla. Podemos establecer los valores de la leucopenia leve entre 4.000 y 5.000 mm3.

No obstante, cuando el médico de cabecera vea estos resultados, a pesar de no revestir gravedad, derivará al paciente, directamente al hematólogo. El motivo es intentar atajar la enfermedad antes de que se complique y pueda convertirse en algo más grave. Y es que, como ya hemos visto, la leucopenia leve en sí, no reviste gravedad, pero sí las derivaciones que puede acarrear, generando otras enfermedades de mayor consideración.

Los síntomas de una leucopenia leve pueden ser, desde dolor de garganta, a fiebres altas o erupciones en la piel. También dolores en cuerpo o boca. Ante cualquiera de ellos, acudir al médico de cabecera y él será quien nos derive al especialista.

Enlaces de interés:

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