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Qué es la febricula: Diferencias entre la fiebre y febricula

Tal vez al leer el titular hayas pensado que hemos cometido una errata al escribir o que nos hemos vuelto locos, pero no es así. La palabra febrícula existe y es un término muy empleado en el argot médico. Cuando hablamos de febrícula nos estamos refiriendo a la fiebre, sin embargo, se trata de una fiebre de pocos grados, una leve calentura que, si bien no entraña gravedad, conviene vigilar en un intento de que no avance hasta convertirse en una fiebre más alta.

La febrícula es muy habitual que la sufran los niños pequeños, especialmente cuando comienzan a hacer su aparición los dientes de leche. Pero también existen otras causas que motivan la aparición de febrícula.

A continuación, vamos a explicarte con más detalle qué es la febrícula, cómo hay que tratarla y qué diferencias hay entre la fiebre y la febrícula.

Qué es la febrícula

La palabra febrícula procede del latín “febriculae”, traducido viene a hacer referencia a una fiebrecita o fiebre de escasa importancia. La febrícula se nombra cuando la persona está experimentando un proceso de hipertermia, con una fiebre que es mayor de 36º pero que no supera los 38º.  

La febrícula suele aparecer especialmente de noche y, lo habitual, es que sea debida a la presencia de una infección, aunque también puede ser debida al estrés. Muchas veces, la febrícula aparece cuando la persona tiene las defensas bajas.

Los niños son muy propensos a tener febrícula porque sus defensas todavía no están muy desarrolladas. Cuando les están saliendo sus primeros dientecillos es normal que nuestros pequeños padezcan de febrícula con frecuencia.

Sufrir una infección, ya sea de origen vírico o bacteriano, enfermedades o deficiencias del sistema inmune o cuando estamos pasando por un resfriado o una neumonía leve también ocasiona la aparición de febrícula.

Pero además de aumentar la temperatura corporal, la febrícula puede venir acompañada de otros síntomas como son cefaleas o dolor de cabeza, mucha sed, piel caliente y roja, sudoración, brazos y piernas fríos, aumento de la frecuencia cardiaca, malestar y ojos vidriosos.

Cómo tratar la febrícula

A pesar de que la febrícula sea una hipertermia leve o una fiebre de baja intensidad, también requiere cuidados, especialmente si tenemos en cuenta lo que hemos explicado antes de que suele afectar a personas y a niños con un sistema inmunitario bajo.

Aunque se trata de fiebre baja es importante también que esto no dure más de 24 horas y siempre tendremos que vigilar al enfermo, sobre todo si esta febrícula se repite con asiduidad para saber a qué es debida su hipertermia y descartar que padezca de problemas de salud importantes.

Tampoco hay que ignorar la febrícula y actuar como si no tuviera importancia, pues sí que la tiene y es necesario controlarla, además de que hay tratamientos para la febrícula que pueden aliviar los síntomas y mejorar la calidad del enfermo mientras está pasando por este proceso.El tratamiento más básico y recomendado por los médicos consiste en tomar antipiréticos como ibuprofeno o Paracetamol.

Además de los antipiréticos, para bajar la febrícula y mejorar el estado de salud, es necesario tomar mucho líquido, principalmente agua, para depurar el organismo e hidratar el organismo, liberar los pulmones y, si existe infección o catarro, ayudar también a expulsar la mucosidad. Aparte de agua, tomar zumos de frutas aportará al organismo las vitaminas que necesita, fundamentales para el buen funcionamiento y que ayudará a tener las defensas en buena forma.

Si estás con febrícula, o alguien de tu entorno lo está, te recomendamos los baños con agua tibia, pues darse un baño será relajante y ayudará a rebajar la tensión muscular, tan propia cuando estamos enfermos. Este baño igual contribuye a bajar la febrícula, siempre que no sea con agua muy caliente, sino que ha de tratarse de agua tibia, tirando a fría.

Otras recomendaciones si estás sufriendo febrícula son usar ropa ligera, pues cuando estamos enfermos, nos cuesta incluso mantenernos en pie, así que imagina si llevas ropa pesada, pues hasta lo más mínimo hará que para ti el solo hecho de moverte signifique un mundo.

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El deporte y el permanecer activos siempre es bueno para la salud, pero si estás sufriendo febrícula, es preferible que no realices esfuerzos. Es más aconsejable que te quedes en la cama hasta que estés recuperado.

Si es tu hijo pequeño el que está con febrícula, antes que nada, no te alarmes. Pero tampoco bajes la guardia, en especial si todavía es muy bebé. En niños es normal que se produzca febrícula, sin embargo, ante cualquier duda o si encuentras al niño muy desganado, la temperatura aumenta en exceso o se prolonga más allá de veinticuatro horas, llévale al pediatra.

Diferencias entre la fiebre y la febrícula

Fiebre y febrícula hacen referencia a un mismo fenómeno que es el aumento de la temperatura corporal y la consecuente presencia de una hipertermia. La diferencia, sin embargo, se encuentra en que la febrícula indica una temperatura que, tomada en la axila, refleja entre unos 37.3 grados y unos 38 grados. Mientras que la fiebre marca una temperatura superior a los 37.7 grados y puede alcanzar los 41 grados centígrados en casos extremos.

Si la temperatura se ha tomado en el recto, muy habitual en el caso de los bebés, entonces se considera fiebre si la temperatura es de 38.5 grados o más, o de 38 grados si se trata de un bebé. En los demás casos, si el termómetro indica una temperatura más baja, entonces no hablaremos de fiebre sino de febrícula.

Esperamos que gracias a esta guía sepas diferenciar cuándo estás ante un caso de fiebre o de febrícula y, a partir de ahora, te quedes más tranquila cuando tu pequeño o alguien de tu familia suba unas décimas su temperatura corporal pues, en principio, la febrícula es algo habitual y no constituye, por lo general, motivo de alarma.

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