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Derrame pleural: qué es, cómo se produce y tratamiento

Hoy te vamos a hablar del derrame pleural: qué es, cómo se produce y tratamiento. Un problema que por desconocido, afecta a mucha más gente de la que pensamos. Conocer esta afección, saber cómo reaccionar y tratarla, puede evitar males mayores. Muy mayores.

Qué es un derrame pleural

Empezando por lo básico, lo primero es decir qué es un derrame pleural. Y un derrame pleural no es sino la afección que de produce cuando se acumula líquido en el espacio pleural. Se trata del espacio que se sitúa entre los pulmones y la pared torácica (tórax), en el que suele haber, de por sí, una cantidad concreta de líquido. El problema viene cuando esa cantidad es mayor de lo habitual o lo estipulado por el organismo.

Es una dolencia que desarrolla más del 50% de pacientes afectados de cáncer aunque, al afectar a los dos pulmones, la derivación más habitual es que termine en insuficiencia cardíaca. De hecho, las causas más habituales de un derrame pleural son los cánceres de pulmón, ovario o mama. También el linfoma suele derivar en este derrame pleural. Obviamente, y aunque tiene tratamiento, es una afección muy peligrosa, que puede derivar en la muerte del paciente.

Se estima que 400 de cada 100.000 habitantes están expuestos a un derrame pleural. Eso sí, en su mayoría son mayores de 70 años pues, como ya hemos comentado, es la insuficiencia cardiaca una de las causas más habituales de esta afección.

Cómo se produce un derrame pleural

El cómo se produce un derrame pleural tiene muchas variantes, todas ellas comprometidas. Y es que la acumulación de líquido en la pleura puede darse por varios motivos:

  • Cáncer – Como ya hemos comentado, más de la mitad de cánceres de todo tipo, deriva en un derrame pleural
  • Insuficiencia cardiaca – Cuando el organismo empieza a fallar en su capacidad de bombear sangre, el cuerpo comienza a resentirse y el derrame pleural es una de las primeras líneas de defensa que se ve afectada.
  • Hipertensión – Otras enfermedades sistémicas también pueden derivar en un derrame pleural pero la hipertensión es la más habitual.
  • Cirrosis – Las afecciones vinculadas al hígado pueden terminar en un derrame pleural, pero la cirrosis es la más común en este sentido.
  • Tuberculosis – La tuberculosis es una afección que va directamente al pulmón, de ahí que sea sencillo que derive en un derrame pleural. Además, su origen bacteriano tampoco ayuda.
  • Enfermedades ginecológicas – El sistema reproductor y los pulmones están conectados hasta tal punto que una endometrosis puede generar un peligroso derrame pleural
  • Neumonía – Cualquier inflamación o infección que tengamos en los pulmones, puede complicarse fácilmente con un derrame pleural
  • Medicamentos – La automedicación es tan peligrosa como que tomar medicamentos como la metisergida, bromocriptina o amiodarona, en determinadas circunstancias, puede terminar con un derrame pleural en el organismo.
  • Cirugías abdominales – Suelen tener las consecuencias menos graves, pues generan derrames controlables, pero igual de peligrosos. Además, en este caso, puede afectar a un solo pulmón.

Síntomas de un derrame pleural

Una vez sabemos qué es y las causas, es hora de conocer los síntomas de un derrame pleural. Sin duda, la valiosa información que nos advertirá en caso de sufrirlo. No obstante, hay ocasiones en las que los pacientes afectados por un derrame pleural no muestran síntomas, lo que complica sobremanera el diagnóstico. No es lo habitual. Lo normal es que el organismo muestres algunos de estos síntomas de un derrame pleural.

  • Tos – Es uno de los síntomas más reconocibles. Al tener la pleura llena de líquido, el normal funcionamiento de los pulmones se complica.
  • Disnea – Al estar afectados los pulmones, la capacidad para respirar se ve entorpecida hasta niveles que puede requerir intervención de urgencia.
  • Fiebre – Es el síntoma que puede llevar a confundir la dolencia con una gripe.
  • Dolor – Un derrame pleural es muy doloroso y este dolor aumenta cada vez que tosemos o intentamos dar una bocanada grande de aire.
  • Hipo – El diafragma está en plena base de los pulmones y al verse estos afectados y con movimientos incontrolados, afectan al diafragma que se defiende con el hipo. Es molesto, incluso doloroso, pero es uno de los síntomas más reveladores.

Así las cosas, estar atentos a los síntomas de un derrame pleural es clave. Obviamente, prevenirlo es mejor pero si se diagnostica rápido y se trata con celeridad, las consecuencias que puede dejar en el organismo serán mínimas. En este caso, el tratamiento pasaría por drenar el líquido de la zona, evitando que la acumulación y la gravedad vaya a más. La técnica más usada para el drenado es la toracocentesis, que saca el líquido e impide que el tórax se expanda.

A la hora de evaluar la etiología del derrame pleural, podemos determinar dos tipos. Por un lado, el derrame pleural trasudado. Es el que tiene su origen en la elevada presión de la sangre. Es decir, la pleura está en buen estado pero el líquido entra por la presión externa. Las causas más habituales de este derrame pleural trasudado son la insuficiencia cardiaca y la cirrosis hepática.

Por otro lado, el derrame pleural exudado sí tiene su origen en la propia pleura. No obstante, también puede venir dado por otras afecciones como el cáncer, la neumonía, la tuberculosis o una lesión pulmonar.

Lo complicado, en ambos casos, es evitar que la pleura vuelva a acumular líquido una segunda vez. Por tal motivo, el objetivo primordial es localizar la forma en la que ha llegado hasta ahí. Mientras, el paciente debe tomar diuréticos como base del derrame si éste viene dado por una insuficiencia cardiaca, es decir, trasudado.

Si ha sido un derrame exudado, lo más habitual es tratar la afección con antibióticos, pues lo más normal es que haya sido derivado de una infección. Además, en los pacientes que han sufrido cáncer, lo habitual es colocarles una sonda pleural durante varios días, para que el líquido que siga entrando al pulmón no se acumule.

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