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La verdad sobre los suplementos vitamínicos

Desde hace varios años la moda de tomar suplementos vitamínicos, conocidos comercialmente como complementos alimenticios, se ha instaurado en nuestra sociedad. Más del cuarenta por ciento de la población consume este tipo de productos cada día. Los británicos gastan 360 millones de libras en complementos cada año y en EEUU la cifra anual llega a los 6 billones de dólares.

Se suelen utilizar estos suplementos para evitar la carencia de vitaminas y minerales (nutrientes esenciales) que la mala alimentación actual puede conllevar. Sin embargo, una vida sana puede reducir hasta eliminar la cantidad de vitaminas adicionales que contienen los suplementos. Una reciente investigación arroja datos alarmantes tales como que las mujeres que toman complementos de calcio para evitar los efectos de la osteoporosis tienen un 50% más de probabilidades de tener un infarto que las que no lo toman. Otro estudio que se ha llevado a cabo en EEUU y sugiere que los hombres que consumen multivitamínicos tienen un mayor riesgo de padecer cáncer de próstata avanzado, mientras los suplementos de beta caroteno (precursor de vitamina A) está relacionado con un aumento de riesgo de muerte no específica. Los pacientes a los que se les prescriben estos complementos deben tener en cuenta estos riesgos, pero sabiendo que las estadísticas no significan nada si no se relativizan los resultados. Vamos a repasar las vitaminas más frecuentemente utilizadas en estos suplementos analizando también sus riesgos.

La vitamina A es un nutriente que ayuda a mantener la piel y las mucosas sanas, fortalece nuestras defensas y previene la ceguera nocturna. La dosis diaria recomendada es 0,7 mg para hombres y 0,6 mg para mujeres. Pero una ingesta excesiva de vitamina A puede tener efectos negativos. 1.500 microgramos o más de este nutriente puede aumentar el riesgo de fracturas óseas en mujeres mayores, y en embarazadas puede provocar daños en el feto si se ingiere en el primer trimestre una cantidad excesiva.

La vitamina D protege frente al cáncer, el infarto de miocardio, la tuberculosis o la diabetes, por ejemplo. Además de esto, su función esencial es la de regular la cantidad de calcio y fosfato en el organismo, lo que mantiene nuestros huesos y dientes en buen estado. La dosis diaria recomendada es 10 microgramos (0,01 mg) en caso de necesitar suplemento, pero al ser la única vitamina que nuestro cuerpo puede sintetizar, un paseo diario al aire libre de veinte minutos de duración evita tener que complementar nuestra dieta con este nutriente.

La vitamina C es un potente antioxidante. Ayuda a las células a luchar contra los dañinos radicales libres. Se suele prescribir un suplemento de esta vitamina a fumadores y alcohólicos, y tiene fama de ser útil para combatir resfriados, aunque no se ha demostrado científicamente esta propiedad. La cantidad diaria recomendada es 45 mg, aunque en los complementos dietéticos suele aparecer en cantidad de 60 mg. Los riesgos a los que nos enfrentamos al tomar más de esta vitamina no son tan preocupantes como en otros casos vistos anteriormente, principalmente porque puede ser eliminada en la orina. A dosis muy elevadas (uno 2.000 mg al día) puede provocar diarrea. Muchos de los suplementos que contienen sólo vitamina C la dosifican a 1.000 mg por comprimido, esta cantidad es excesiva y puede generar más radicales libres de los que elimina. Los tomates, pimientos, brécol y naranjas, por ejemplo, encontramos unas cantidades importantes de este nutriente que hacen innecesario el uso de complementos alimenticios.

Foto: Flickr

Fuente: telegraph.co.uk