Escrito por Tendenzias

Endocarditis bacteriana: Causas, Síntomas y Tratamiento

Cuando a la mayoría de las personas les hablan de problemas en el corazón, ninguno quiere oír hablar de la palabra infarto o ataque al corazón. Sin embargo, también pueden existir otras complicaciones que podrían causar graves consecuencias. Es el caso de la endocarditis bacteriana, una infección de la que te contamos todo o que debes saber.

¿En qué consiste la endocarditis bacteriana?

La endocarditis es una infección que afecta al endocardio, un tejido que recubre las paredes interiores del corazón. Cuando este tejido e inflama, se puede producir heridas que normalmente el propio cuerpo se encarga de curar. pero en ocasiones, pueden penetrar bacterias que se depositan en estas heridas y van así erosionando los tejidos, provocando lesiones en las válvulas cardíacas que impiden que éstas funcionen de forma correcta. De esta manera, la endocarditis impide que llegue la suficiente sangre al corazón, lo cual podría derivar en diversos problemas.

Dentro de la endocarditis podemos encontrar diferentes tipos. La más común de todas es la endocarditis bacteriana, que es aquella producida por bacterias que penetran en el torrente sanguíneo. En otros casos también puede ser a causa de hongos, y en algunos aislados el origen de la enfermedad es desconocida.

En cualquier caso, pasamos a ver las principales características de esta infección bacteriana y cómo tratarla

¿Qué puede provocar la endocarditis bacteriana?

Existen diferentes causas que pueden explicar la aparición de endocarditis bacteriana. Una de ellas es que la bacteria haya llegado al torrente sanguíneo desde alguna parte del propio cuerpo. La persona ni siquiera se da cuenta ya que muchas veces estas bacterias provienen de un foco de infección que no causa dolor ni molestia.

Por otro lado, las bacterias pueden llegar al torrente sanguíneo desde el exterior. Cualquier operación o acto que suponga que algún objeto o sustancia del exterior entre en contacto con nuestra sangre podrían ser susceptible de causar endocarditis bacteriana. Por ejemplo, el uso de catéter o agujas que no estén bien desinfectadas, las operaciones dentales o algunas operaciones quirúrgicas menores.

Por otro lado, también existen ciertos factores de riesgo que tienen que ver con el propio paciente. Así, tienen más posibilidades de sufrir endocarditis bacteriana las personas que ya la hayan sufrido con anterioridad. La mayoría de pacientes que presentan este problema han tenido o tienen algún problema de corazón, como pueden ser soplos, o algunas válvulas dañadas o, directamente, artificiales.

En caso de que tengamos alguna anomalía del corazón que pudiera aumentar el riesgo de sufrir endocarditis bacteriana, es importante avisar siempre al médico o al dentista antes de cualquier operación.

Síntomas de la endocarditis bacteriana

Los síntomas de la endocarditis bacteriana dependen de la gravedad de la infección, aunque es cierto que hay algunos que suelen ser comunes a todos los casos. En general se suelen distinguir entre dos tipos de endocarditis bacteriana: la aguda y la subaguda.

La endocarditis bacteriana subaguda es la más leve y se caracteriza por unos síntomas parecidos a los de cualquier afección de carácter general. Esto es, fiebre alrededor de 38 grados, malestar general, pérdida de peso y de apetito, sudores nocturnos, sensación de cansancio, dolor en las articulaciones. En este caso los síntomas suelen aparecer de forma más paulatina y ser más leves.

Por su parte, la endocarditis bacteriana aguda presenta unos síntomas similares a los anteriores, pero la fiebre es mayor (39 y hasta 40 grados) y puede aparecer de forma mucho más repentina, además de que los síntomas se suelen hacer más patentes durante la noche, sobre todo la fiebre, los sudores y los escalofríos. La endocarditis bacteriana aguda puede llegar a ser de carácter muy grave, ya que podría llevar bacterias a nuevos focos de infección a través del torrente sanguíneo. Este tipo de endocarditis bacteriana podría dañar irreversiblemente una válvula en un mes.

Por otro lado, hay un tercer tipo de endocarditis bacteriana, que puede evolucionar a cualquier de las dos anteriores. e trata de la endocarditis bacteriana protésica, que afecta a aquellas personas que tienen alguna válvula artificial.

Además de los síntomas que hemos citado, también hay algunos otros muy específicos que pueden ayudar a diagnosticar la enfermedad. Uno de ellos son los denominados nódulos de Osler, que consisten en la aparición de unos bultos en las yemas de los dedos (tanto de la mano como del pie). Otros síntomas frecuentes incluyen el sangrado bajo las uñas o la aparición de manchas rojizas en las palmas de las manos y las plantas de los pies.

Diagnóstico y tratamiento de la endocarditis bacteriana

El médico puede sugerir la realización de diferentes pruebas para el diagnóstico de la endocarditis bacteriana. En primer lugar se deberán tener en cuenta los antecedentes médicos del paciente y si cuenta con alguno de los factores de riesgo ya mencionados.

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En muchas ocasiones el examen físico no es suficiente. Este examen suele consistir en la comprobación de la frecuencia cardíaca y en una prueba denominada “prueba de la manchas de Roth“, en la que se buscan pequeñas manchas en el ojo o los párpados.

Aunque se encuentren síntomas definitorios, se puede recomendar la realización de hemocultivos, esto es, pruebas de laboratorio para comprobar si existen bacterias en la sangre y si es así cuál es exactamente la que causa la infección. Otra de las pruebas habituales es realizar una ecocardiografía,

El tratamiento suele consistir en el ingreso del paciente en el hospital y la administración de antibióticos por vía intravenosa. Los medicamentos dependerán de la bacteria que sea causa de la infección. Cando pasa cierto tiempo, el paciente puede ir a casa y seguir el tratamiento desde allí. Se le receta un tratamiento con antibióticos a medio plazo, normalmente un mínimo de un mes, para que se eliminen totalmente las bacterias de las válvulas y el endocardio.

En otras ocasiones, el tratamiento con antibióticos no es suficiente y se hace necesario realizar una cirugía, cuando existen complicaciones derivadas de la infección que afectan a otros órganos, o graves riesgos para el paciente.

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