Durante un tiempo la palabra bioterrorismo anduvo en nuestras vidas de forma bastante presente, a raíz sobre todo del 11S.
Ahora ya no es noticia, los terroristas parece que les es más fácil y rentable utilizar otro tipo de armas de destrucción. Pero es realmente esto, o ¿sólo la fachada de lo que se cuece en laboratorios terroristas?
No es nuevo el uso de armas biológicas, y no me refiero sólo a catapultar perros o enfermos con Peste al interior de las fortalezas medievales...
UK y EEUU fueron los que comenzaron esta carrera un poco más profesional en la Segunda Guerra Mundial, con el desarrollo de un programa de armas biológicas.
Se ha sugerido que el brote de tularemia (Francisella tularensis) que misteriosamente afectó a soldados alemanes y soviéticos pudo ser consecuencia de un ataque microbiano del Frente Aliado.
Por su parte los japoneses, ya conocían las ventajas del arma biológica y no dudaron en usarla lanzando pulgas infestadas con Yersinia Pestis a varias regiones de China, provocando brotes de Peste o investigando con dicha F.tularensis en esta misma guerra o incluso realizando pruebas sobre prisioneros con la toxina botulínica.
Mientras tanto los EEUU como la Unión Soviética comienzan a farbicar aerosoles directos con la Y.pestis, manipularon a bacteria de la Tularemia para crear cepas multirresistentes, produjo y almacenó toxina botulínica y tuvo en su poder virus de fiebres hemorrágicas, como el Ebola o Marburg.
En 1969 UK y EEUU suspenden el programa de desarrollo de armas biológicas y en 1972 se firma un tratado internacional que prohibe la fabricación de éstas, aunque con el escape de esporas de B.anthracis en Sverdlosk, Rusia, y la muerte de de 66 personas de las 77 contagiadas en 4km a la redonda queda demostrado que la fabricación de armas biológicas continúa y que el tratado es una farsa.
Lo cierto es que hoy en día algunos países y grupos terroristas continúan con el punto de mira en los ataques microbiológicos. Ejemplo de ello lo vemos en la Secta japonesa Aum Shirinkiyo, la cual liberó esporas de carbunco en el metro de Tokyo en 1993, sus viajes en 1992 a Africa Central para conseguir el Virus del Ebola o sus intentos fallidos de dispersar toxina botulínica por Japón.
Otro caso más reciente lo encontramos en los sobres contaminados por esporas de B.anthracis tras el 11S que contagiaron a 22 personas (tanto vía inhalatoria como cutánea) de las cuales 5 fallecieron. Y teniendo en cuenta el potencial de uno de los sobres con 2 gramos de esporas, que en condiciones de dispersión favorables, podrían haber infectado a 50millones de personas, la tragedia no fue lo que pudo llegar a ser.





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3 Comentarios al Artículo: Bioterrorismo: ¿continúa la amenaza?